jueves, 9 de enero de 2014

Cuenta cuento

Isaac era un niño de diez años quepadecía insomnio. Por alguna desconocida razón, pasada la media noche se despertaba y nada le servía para conciliar de nuevo el sueño. Había probado contar ovejas, leer cuentos de aventuras, beber leche caliente, montar rompecabezas pero todo era inútil.

Un médico le sugirió que oír el ruido del mar le ayudaría a dormirse. Desesperados sus padres decidieron mudarse a un pueblecito de mar y alquilaron una torre sobre un acantilado. Isaac estaba maravillado con aquel lugar.

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La primera noche se fue a dormir con la ventana bien abierta. Escuchaba el rumor del mar como una si se tratara de una melodía de buenas noches, pero la emoción acumulada le impidió de nuevo dormirse. Se levantó y de puntillas salió por la puerta trasera que daba al jardín. No llevaba linterna pero el cielo estaba muy iluminado y él no le tenía miedo a la noche.

Llevaba un rato caminando por los acantilados cuando de repente divisó una figura. Se acercó con cautela como si fuera un espía de película y se escondió entre unas rocas. Cuando la vista se le acostumbró a la oscuridad vio a un hombre mayor sentado en el borde del abismo. Entre las manos sostenía una caña de pescar muy larga que llegaba hasta el mar. De vez en cuando recogía el hilo de la caña, separaba algo que Isaac no conseguía ver y lo dejaba en una cesta a su lado.

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